Hay momentos en que el mercado parece no recordar nada. Ni guerras, ni petróleo sobre USD 100, ni tasas altas, ni inflación más persistente han sido suficientes para frenar el entusiasmo.
Y justamente eso fue lo que volvió a quedar claro la semana pasada: mientras el mundo sigue acumulando focos de tensión, las bolsas continúan avanzando impulsadas principalmente por un solo gran motor, la inteligencia artificial.
La semana comenzó con bastante nerviosismo por el conflicto entre Estados Unidos e Irán y por el riesgo de interrupciones en el estrecho de Ormuz. Sin embargo, hacia finales de la semana comenzaron a aparecer señales de posibles avances diplomáticos y eso cambió rápidamente el ánimo. El petróleo Brent, que había superado los USD 105 por barril, terminó cayendo nuevamente bajo los USD 100, ayudando a aliviar parte importante de las preocupaciones inflacionarias de corto plazo.
Y esa caída del petróleo fue clave. Menor presión sobre energía significa también menos presión sobre inflación y tasas de interés, algo que el mercado tomó inmediatamente como una señal positiva para volver a aumentar exposición a activos de riesgo. De hecho, el S&P 500 completó ya ocho semanas consecutivas de alzas, su mejor racha desde 2023, mientras el Nasdaq volvió a liderar impulsado principalmente por compañías ligadas a inteligencia artificial, semiconductores e infraestructura tecnológica.
Pero probablemente lo más interesante hoy no es solo que la inteligencia artificial siga empujando al mercado, sino entender por qué. Durante años el crecimiento tecnológico estuvo asociado principalmente a software, plataformas digitales y compañías “livianas” en activos físicos. Hoy el escenario es completamente distinto. La inteligencia artificial necesita centros de datos gigantescos, consumo eléctrico masivo, chips avanzados, sistemas de refrigeración, infraestructura energética y enormes inversiones de capital. En otras palabras, detrás de esta revolución digital existe una economía profundamente física.
Y justamente ahí aparece una de las grandes tensiones actuales del mercado. La inteligencia artificial promete aumentar productividad y crecimiento en el largo plazo, pero en el corto plazo también está generando una enorme demanda por infraestructura, energía y recursos escasos, manteniendo presión sobre costos, inflación y tasas de interés. La gran apuesta hoy es que ese crecimiento termine siendo suficientemente fuerte como para compensar este nuevo escenario de tasas más altas.
Mientras tanto, la economía sigue entregando señales bastante mixtas. En Estados Unidos, el mercado inmobiliario continúa débil, mostrando que la actividad se desacelera gradualmente. Aun así, el consumo y el empleo todavía logran sostener la economía. En Europa la situación sigue más frágil y en China continúan las dudas sobre la velocidad de recuperación.
Para esta semana, el foco estará nuevamente puesto en inflación y tasas. El jueves se publicará el índice PCE en Estados Unidos, uno de los indicadores favoritos de la Reserva Federal para medir inflación, mientras en Europa se conocerán nuevas cifras inflacionarias hacia finales de semana. Además, el mercado seguirá muy atento a cualquier novedad relacionada con las negociaciones entre Estados Unidos e Irán.
En definitiva, una vez más vemos un mercado que prefiere aferrarse a lo positivo, donde las buenas noticias relacionadas con inteligencia artificial y crecimiento tecnológico pesan más que prácticamente cualquier otro riesgo. La gran pregunta hacia adelante es cuánto tiempo más podrá mantenerse este equilibrio entre un mercado optimista y un entorno macro que todavía sigue siendo bastante desafiante. Y probablemente esa siga siendo una de las principales discusiones durante las próximas semanas. Hasta la próxima.